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miércoles, 8 de enero de 2014

El guardián de la arboleda.



Los observo. Caminan por mi territorio ignorantes de mi presencia. Creen que pueden tomar cuanto les venga en gana y salir indemnes… Voy a demostrarles cuán equivocados están.

Me muevo con el sigilo y la destreza de un felino. Mis pies se posan con delicadeza y a la vez con firmeza sobre un suelo irregular, sin producir ni el más leve sonido. Y de producirlo, la leve brisa que se cuela entre las hojas de los árboles que nos rodean basta para enmascararlo.

El grupo, compuesto exclusivamente por humanos, se detiene. Es mi mejor oportunidad. No me esperan, y con una furia primigenia caigo sobre ellos. Me superan en número, pero yo los supero a todos ellos en rabia. Mis espadas cortan la carne y la despedazan como colmillos de un lobo hambriento. Mi velocidad es inigualable, pero ellos siguen intentando hacerme frente, ¿por qué no huyen? Me pregunto si alguna vez antes se han enfrentado a un elfo… Aunque de haberlo hecho, dudo que fuese como yo.

Mi furia queda saciada y tanto mis ropas como mi piel quedan salpicadas de carmesí. Ahora mi determinación flaquea al presenciar la masacre. Pero no me lo permito, no puedo.

Encierro mis sentimientos en lo profundo de mi ser de igual modo que envaino mis armas. Este es el resultado de mi pena convertida ahora en ira.

Ellos son los únicos culpables de sus destinos, pues ellos son quienes se adentraron aquí por sus propios pies. Yo sólo hice lo que debía hacer, lo que cualquier animal territorial habría hecho. Espero que estos cuerpos disuadan a quienes los sigan. Soy el guardián de esta arboleda, y les daré el mismo trato a todos aquellos que osen acercarse.

jueves, 23 de mayo de 2013

La vida de un hombre de fortuna.


¿Quienes creéis que somos los hombres que nos dedicamos a la piratería? 

Exiliados, marginados, expulsados de la sociedad y rechazados por los nuestros. Dispuestos a hacer cualquier cosa para sobrevivir y entregados a una vida de aventuras, peligros, saqueos y excesos. Existimos en un mundo que nos ha dado la espalda.
 Una buena vida en mi opinión, consiguiendo, al echar amarre, los lujos que nos faltan en alta mar con el oro robado a quienes nos desprecian.

Tenemos fama de ser asesinos, violadores, ladrones… Nuestro historial no puede ser peor y por ello no tememos mancharlo. Quizás incluso debamos llevar más a cabo estos actos, al menos así les daríamos más veracidad.

No medimos el tiempo por años, pues nuestra esperanza es sobrevivir al próximo asalto y disfrutar de nuestra salvaje vida un día más.
Dicen que hay que estar un poco loco para aceptar vivir en nuestras condiciones... y quizás tengan razón. Quizás todos estemos locos, pero no cambiaría esta vida por nada en el mundo…
Excepto quizás un poco más de oro, una fémina excitada y una jarra de hidromiel.